Por Jose De los Santos Hiciano I.- Lucha contra la pobreza salarial Un nuevo partido de izquierda debe asumir como su principal bandera, la deplorable situación de precariedad económica y social en que viven los obreros asalariados y los trabajadores informales de la República Dominicana. La ausencia de representación política y gremial de que adolece la clase trabajadora es el factor determinante para la invisibilización de su lastimosa situación económica y social, a tal punto que, hoy por hoy, la miseria de los obreros dominicanos no es tema de debate en el seno de la sociedad, ni siquiera en tiempos de elecciones. Por tanto, al carecer los trabajadores de representantes políticos reales, un nuevo partido de izquierda debe ocupar ese espacio vacío de representatividad, desde luego, con una estrategia inteligente y adecuada a las circunstancias actuales. En cuanto a la pobreza salarial, es oportuno aclarar que, para comprender y debatir sobre este tema, desde una perspectiva estructural, es necesario analizar cómo interactúan la economía global y el modelo de desarrollo específico de la República Dominicana. El hecho de que el salario de un obrero formal o los ingresos de un trabajador informal no cubran la canasta básica no es una casualidad; es el resultado de un diseño económico que prioriza la competitividad externa basada en costos laborales bajos. A continuación, se desglosan las razones estructurales e históricas de esta realidad: La «Brecha de Productividad» y Salarios deprimidos. Durante las últimas décadas, la economía dominicana ha mostrado tasas de crecimiento del PIB envidiables en la región. Sin embargo, este crecimiento no se ha reflejado proporcionalmente en los ingresos de los trabajadores. Otro factor importante es la apropiación del excedente: La productividad del trabajo ha aumentado, pero los beneficios de ese incremento han ido mayoritariamente al capital (ganancias empresariales) y no al trabajo (salarios). Modelo de servicios e industrias de bajo valor añadido: Gran parte del empleo formal se genera en sectores como el turismo, las zonas francas y el comercio. Históricamente, el atractivo para la inversión extranjera en estos sectores ha sido la mano de obra barata. Subir drásticamente los salarios reales, bajo la lógica del mercado actual, es visto por los sectores empleadores como una pérdida de «competitividad» frente a otros países de la región. 2. La Inflación y el Costo Real de la Canasta Básica. La canasta básica familiar se calcula dividiendo a la población en quintiles (cinco grupos económicos, desde el más pobre hasta el más rico). Sin embargo varios factores perjudican al quintil donde se encuentran ubicados los trabajadores: a) El desfase numérico: El costo de la canasta básica del quintil más pobre supera por mucho el salario mínimo legal de las empresas medianas y pequeñas y; b) Inflación de costos básicos: En un país altamente dependiente de las importaciones (combustibles, insumos agrícolas, tecnología), los choques inflacionarios globales impactan directamente en la comida, el transporte y la vivienda. El salario nominal (la cantidad de dinero en papel) puede subir mediante resoluciones del Comité Nacional de Salarios, pero el salario real (lo que ese dinero puede comprar) se erosiona rápidamente. 3. La Estructura de la Informalidad Laboral (El «Chiripero»). En la República Dominicana, la informalidad laboral supera el 50% de la fuerza de trabajo. Ser informal significa estar fuera del amparo del Código de Trabajo y de la seguridad social. Este problema se manifiesta en la práctica a través de los siguientes indicadores de vulnerabilidad: a) Subempleo y volatilidad: El motoconchista, el vendedor ambulante o el trabajador de la construcción independiente no tienen un ingreso fijo. Sus ingresos dependen del día a día, en un mercado saturado donde la competencia es feroz y el poder adquisitivo de sus propios clientes (otros trabajadores pobres) también es bajo y; b) Ausencia de plusvalía social: Al no cotizar en la seguridad social de manera contributiva, cualquier imprevisto de salud, accidente o vejez debe ser pagado del propio bolsillo del trabajador informal, lo que destruye inmediatamente su precaria capacidad de ahorro y lo sumerge en el endeudamiento (usualmente a través de prestamistas informales con tasas de interés usureras). 4. La Debilidad del Movimiento Sindical y la Negociación Colectiva. Desde una perspectiva de correlación de fuerzas, los trabajadores dominicanos se encuentran atomizados y debilitados debido a las siguientes realidades: a) Sindicalismo erosionado: El sindicalismo de base (en fábricas, empresas y comercios) ha sido sistemáticamente desarticulado o cooptado en las últimas décadas. Sin sindicatos fuertes que puedan ejercer el derecho a la huelga o a la negociación colectiva real, los aumentos salariales quedan sujetos a las decisiones del gobierno y las cúpulas empresariales en el Comité Nacional de Salarios, donde los trabajadores suelen llevar las de perder y; b) El «Ejército Industrial de Reserva»: Marx acuñó este término para referirse a la masa de desempleados y subempleados que presiona los salarios a la baja. En el país, la alta tasa de desempleo juvenil y los flujos migratorios desregulados crean una oferta de mano de obra dispuesta a aceptar salarios de subsistencia. Si un obrero formal exige un aumento, el empleador sabe que hay una fila de personas dispuestas a hacer el mismo trabajo por el sueldo mínimo o menos. 5. El Estado Benefactor Deficiente (El «Salario Indirecto») En los países donde los salarios son bajos pero la gente vive con dignidad, el Estado compensa la falta de ingresos privados con servicios públicos de alta calidad (educación, salud, transporte, vivienda). Esto se conoce como salario indirecto. La privatización de la vida cotidiana: En la República Dominicana, ante la deficiencia histórica de los servicios públicos, un obrero se ve obligado a «comprar» privadamente lo que el Estado debería garantizar: pagar agua botellón porque la de la llave no es potable, pagar transporte privado (carros públicos o motoconchos) ante la falta de una red de transporte masivo eficiente en la mayoría de las provincias, o incurrir en copagos médicos y medicamentos costosos porque el seguro básico de salud (ARS) no los cubre. Todo esto drena el limitado salario monetario del trabajador. En conclusión: La insuficiencia del salario para cubrir la canasta básica no es un problema de «escasez de dinero» en la economía dominicana, sino de distribución. El modelo económico dominicano ha funcionado sobre la base de transferir los costos de la competitividad y las crisis a las espaldas de la clase trabajadora, manteniendo los salarios artificialmente bajos para asegurar márgenes de ganancia y estabilidad macroeconómica a costa del bienestar de las mayorías. Navegación de entradas Más de 4 millones de trabajadores dominicanos pasan hambre o inseguridad alimentaria Un nuevo partido de izquierda debe luchar en contra del estado miserable de las viviendas de los trabajadores dominicanos