Por Aquiles Olivo Morel Aún no se tiene la certeza de que la civilización actual asumió un nuevo camino para transitar hacia un escenario desconocido, repleto de cuestiones complejas y desafíos difíciles de prever. Se trata de un tiempo de incertidumbre para las organizaciones que arbitran las sociedades. De un tiempo, también, agobiante para quienes al frente de las empresas que van impulsando la renovación necesaria para asumir los retos tecnológicos y adopción de las tecnologías en todos los procesos. Repensar el porvenir una y otra vez, implica ser lo suficientemente sosegado y paciente para entender tantos asuntos complejos que influyen en nuestra manera de pensar. Al principio del surgimiento de la Inteligencia Artificial (IA) esta formidable innovación no fue comprendida como un salto inesperado. No fue un proceso que surgió de la nada: tantos desafíos emergieron simultáneamente, como parte de un gran dilema para el crecimiento económico, social y político. La ciencia se ha convertido en parte aliada de los cambios políticos influyendo con gran rapidez en aquellas situaciones estratégicas y de sobrevivencias. Surgieron las alianzas para colocar el tema tecnológico en el centro de los acuerdos. El propio desarrollo tecnológico se ampara en estas decisiones políticas, pocas veces comprendidas en el momento de los encuentros para alcanzar algún tipo de todos estos consensos. A nadie le parece entendible cómo los países se preocupan más por la geopolítica que por los asuntos sociales que afectan considerablemente sus poblaciones. En todas partes es así. Estos cambios los obligan a incrementar sus presupuestos militares; a veces, se cuestión las organizaciones mismas, aquellas que definieron los equilibrios en los tiempos de la paz. Los casos son múltiples: los diálogos de los equipos estratégicos se ocupan de influir en cómo salir bien posicionados, en los encuentros entre los países. Las zonas de comercio pensada en el pasado entre diferentes grupos de naciones fueron relegadas para poner atención a los movimientos que experimentan los antiguos rivales, ahora con la decisión de reagruparse en nuevos bloques para desafiar a quienes tradicionalmente fueron beneficiados de la paz posterior a la II Guerra Mundial. Sin importar que pueda acontecer después de estos acontecimientos en que cada uno procura alcanzar su hegemonía, sería apropiado pensar que la política o democracia occidental se adaptará, sin importar cuánto le toca esperar. El tiempo de estos acontecimientos sería imposible saberlo: aún persisten los cambios en curso; sobreviven los vestigios de los tiempos pasados; nadie se involucra con tantas celeridades para lograr adaptarse o hacer los cambios. La incertidumbre afecta diario a las corporaciones como a los gobiernos de una forma en que sus economías no parecen tener la seguridad de emprender los proyectos que el pasado años tras años les permitieron esas bonanzas que hoy extrañan. El caso de los EE. UU. y la respuesta dada a Europa para que maneje sus asuntos de seguridad; la ocupación sistemática de los migrantes y las guerras, interrumpiendo el trasiego de las materias primas constituyen ejemplos de lo convulso que esta realidad pudiera significar. En definitiva, se trata del surgimiento de variables cuyo impacto, a veces tarda un tiempo en repercutir y en otros casos, como el precio del mercado energético, estos cambios se expresan en cuestión de día. Así esta incerteza abarca los mercados subyacentes de manera indirecta, concretamente sobre los precios de toda la cadena de producción. ¿Será fácil para la civilización actual asumir todos estos desafíos en un tiempo prudente y alcanzar a asimilar todos estos giros? La percepción que se tiene de los tiempos actuales simplemente se expresa con los cambios que se observan. Como los pronósticos no se admiten y fracasan todas estas predicciones. La cautela con la cual los entes globales asumen estos aspectos y sus repercusiones inmediatas se advierten en la manera y la conducta que exhiben al momento de estrechar los lazos para asumir nuevos proyectos. La retórica de sus conclusiones forma parte de ese miedo que lo lleva a postergar y evitar los compromisos económicos, contrario al pasado en las predicciones garantizaban el cumplimiento de los acuerdos. Navegación de entradas El sofisticado y efectivo arsenal de Irán para atacar a Israel y Estados Unidos Lo público también nos pertenece: el desafío de cuidar nuestros hospitales