Por José De los Santos Hiciano Por muy paradójico que parezca, lo cierto es que, ha habido un crecimiento real y documentado del socialismo democrático en los Estados Unidos durante la última década, pasando de ser una corriente testimonial a consolidarse como un actor político relevante dentro del espectro progresista. No se trata de marxismo revolucionario a la usanza tradicional. Es más bien una propuesta política que, si bien no se propone despojar por la fuerza a la clase capitalista dominante de los medios de producción, procura rescatar la lucha por los intereses legítimos y las reivindicaciones de la clase trabajadora norteamericana, así como el fortalecimiento del Estado democrático en oposición al Estado oligárquico. El movimiento socialista emergente en los Estados Unidos es diverso, sin embargo, uno de los referentes más notorio en términos de crecimiento organizacional e institucional es la organización conocida como Democratic Socialists of America (DSA), que pasó de tener unos 6,000 miembros en 2015 a más de 100,000-120,000 afiliados. Presencia electoral: De no tener casi representación en cargos públicos hace apenas 10 años, actualmente cuentan con cientos de oficiales electos en congresos estatales, concejos municipales y el Congreso federal (con figuras públicas destacadas como Bernie Sanders, Alexandria Ocasio-Cortez, Rashida Tlaib y alcaldías o concejos relevantes en ciudades grandes). ¿Cómo se explica el sorprendente auge del Socialismo Democrático actualmente en los Estados Unidos? Algunos estudios al respecto concluyen que, dentro de los factores generales se encuentran los siguientes Crisis económica y desigualdad: El costo de la vivienda, la precariedad laboral, la deuda estudiantil y la falta de un sistema de salud universal impulsaron a votantes jóvenes hacia propuestas distributivas. Normalización del discurso: Las campañas presidenciales de Bernie Sanders (2016 y 2020) retiraron el estigma a la etiqueta «socialista democrático» e introdujeron políticas como Medicare for All o universidad pública gratuita en el debate central. Política centrada en el costo de vida: En lugar de enfocarse únicamente en debates ideológicos abstractos, el movimiento ha articulado su propuesta en torno a la accesibilidad del costo de vida (alquiler, salarios y servicios públicos). A pesar de su expansión, la corriente no es dominante a nivel nacional. Encuentra una fuerte resistencia dentro del centro del Partido Demócrata, el rechazo rotundo del ala conservadora, y serias dificultades para implantarse en zonas rurales o sectores moderados de la población. Con relación a los inmigrantes latinoamericanos, existen estudios cuantitativos y académicos enfocados en medir la opinión de la comunidad latina respecto al término y las propuestas del socialismo democrático en Estados Unidos. Según análisis del Pew Research Center, los latinos demócratas o independientes de tendencia demócrata muestran una postura dividida respecto a la palabra socialismo: un 50 % la ve de forma positiva y un 48 % de forma negativa. La misma institución investigadora ha divulgado resultados que muestran que solo cerca del 20 % de los demócratas hispanos expresa una simpatía directa hacia los políticos que se identifican como «socialistas democráticos». Esta cifra es considerablemente menor a la registrada entre votantes demócratas blancos (40 %) o votantes jóvenes en general. Encuestas realizadas por firmas especializadas como Equis Research revelan un «divorcio» entre la etiqueta ideológica y el contenido de las políticas. Mientras que la palabra genera cautela o rechazo en diversos sectores, propuestas centrales del socialismo democrático (como el acceso universal a la salud, la protección de la seguridad social y el salario mínimo elevado) cuentan con un amplio respaldo entre la población hispana. Ese dato paradójico podría ser revelador de dos posibles factores causales del escepticismo latino frente al marco ideológico del Socialismo Democrático: a) el impacto que tiene la propaganda de derecha promovida por los grandes medios de comunicación que hegemonizan la construcción de la opinión pública y; b) el bajo nivel educativo de la población inmigrante. Para profundizar en la discusión sobre cómo se percibe la agenda social democrática en los medios de comunicación y las elecciones recientes de EE. UU., resulta ilustrativo este análisis sobre la Popularidad del Socialismo frente al Capitalismo en EE. UU., donde se debate la brecha ideológica dentro del electorado y sus efectos en la política norteamericana. Los expertos sostienen que, el auge de la izquierda y del «socialismo democrático» en los Estados Unidos obedece a una combinación de transformaciones socioeconómicas, crisis sistémicas y cambios generacionales, dentro de las que se encuentran las siguientes: Desigualdad económica y crisis inmobiliaria: El estancamiento del salario real en comparación con el crecimiento del costo de vida (especialmente en vivienda, educación superior y salud) ha empujado a sectores jóvenes hacia alternativas al liberalismo tradicional. La crisis financiera de 2008 y la pandemia de COVID-19: Eventos coyunturales que expusieron las debilidades de la red de seguridad social estadounidense y reabrieron el debate sobre la intervención estatal en la economía. Deuda estudiantil masiva: Millones de jóvenes profesionales ingresaron al mercado laboral con deudas universitarias astronómicas, impulsando demandas como la condonación de deudas y la educación superior gratuita. Las campañas de Bernie Sanders (2016 y 2020) introdujeron el término democratic socialism en el debate público dominante (mainstream), legitimando propuestas antes consideradas marginales como Medicare for All (sistema de salud universal). Crecimiento de organizaciones de base como los Democratic Socialists of America (DSA) experimentaron un aumento exponencial de membresía, pasando de ser grupos marginales a plataformas con capacidad de movilización electoral. Surgimiento de nuevas figuras políticas mediáticas de la izquierda progresista en el Congreso (conocidas como «The Squad», lideradas por Alexandria Ocasio-Cortez) y a nivel municipal trajo visibilidad y legitimidad al movimiento. Cambio generacional (Millennials y Gen Z). A diferencia de las generaciones que vivieron la Guerra Fría, los sectores más jóvenes no asocian el concepto de «socialismo» con la Unión Soviética, sino con los modelos de bienestar de los países nórdicos. La integración de demandas de justicia económica con causas de justicia racial (como Black Lives Matter), derechos laborales, equidad de género y la lucha contra el cambio climático (Green New Deal). Según las estimaciones oficiales del Departamento de Agricultura de EE. UU. (USDA) y organizaciones de asistencia alimentaria como Feeding America y No Kid Hungry, alrededor de 47 a 50 millones de personas (aproximadamente 1 de cada 7 personas) viven en hogares que no cuentan con acceso constante a suficientes alimentos para una vida sana; Cerca de 18 millones de hogares (aproximadamente el 13.5% – 14% del total nacional) sufren de inseguridad alimentaria en algún momento del año. En ese mismo orden se estima que 14 millones de niños (1 de cada 5) viven con hambre o falta de acceso seguro a alimentos. Alrededor del 5% de los hogares enfrentan la forma más severa, donde los miembros de la familia reducen directamente la ingesta de alimentos o se saltan comidas por falta de dinero. En conclusión, partiendo de los datos anteriores podemos sostener que, no obstante ser Estados Unidos una de las naciones más ricas del mundo y con el sistema capitalista más desarrollado, en realidad se trata de un modelo incapaz de proveer satisfacción a toda la estructura social, razón por la cual se observa un innegable auge del Socialismo Democrático como opción alternativa a favor de la clase trabajadora. Navegación de entradas La República Dominicana que viene: ¿estamos preparando a nuestros jóvenes para competir con la inteligencia artificial? La factura eléctrica: ¿problema de consumo, de transparencia o de gestión?