La caminata de 32 kilómetros entre el Sur y el Norte pone a prueba la resistencia física de muchos entusiastas durante dos noches y tres días. Después de confesarle a una amiga que quería afrontar nuevos desafíos para salir de la rutina, Patricia Pérezcomenzó a ver repetidamente en Instagram publicidadsobre la ruta. Dos meses después, decidió emprender una travesía que no solo pondría a prueba su resistenciafísica, sino que también la sacaría de su zona de confort. El anuncio incluía una advertencia: había que estar en buenas condiciones físicas. Por eso, la periodista se preparó durante seis semanas en el gimnasio antes de enfrentarse a una caminata de 32 kilómetros desde Guayabal a Constanza, una de las rutas de senderismoentre el Norte y el Sur que ha ganado auge desde la pandemia del COVID-19, período en el que el confinamiento despertó en muchas personas el deseo de reconectar con la naturaleza. El día de la aventura, los 25 excursionistas fueron trasladados por un tour operador a casi 200 kilómetros de distancia, desde Santo Domingo hasta Guayabal. Este municipio agrícola, ubicado al pie de la Cordillera Central, se ha convertido en el punto de partida de una travesía que los conduce por ríos fríos y cristalinos, cuevas indígenas, bosques secos y húmedos, valles y altas cumbres, hasta amanecer en el campamento bajo un firmamento estrellado. Como atractivo adicional, la ruta incluye un baño en aguas termales, ricas en minerales como azufre, calcio y magnesio, cuyas propiedades terapéuticas convierten esta parada en un espacio ideal para la relajación y la recuperación física. Equipados con ropa para bajas temperaturas, merienda, protector impermeable para los celulares, colchones inflables y carpas, Patricia y los aventureros emprendieron con el guía local Ariel Corcino el camino y realizaron su primera parada a ocho kilómetros del pueblo: el balneario La Tina, una de las únicas diez fuentes de aguas termales que tiene la República Dominicana. Más allá del ecoturismo, las aguas termales tienen un potencial energético: en el 2017, un estudio del Servicio Geológico Nacional, el Ministerio de Energía y Minas y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) determinó que las temperaturas en su zona profunda oscilan entre 70 °C y 110 °C. Eso lo convierte en el único depósito con probabilidad para generar electricidad a partir de energía geotérmica. Según el informe, esa energía podría destinarse a la electrificación rural, los invernaderos y el secado de café, ajíes y otros cultivos. Mientras el Gobierno decide ejecutar el proyecto, las aguas termales funcionan como balneario y se han convertido en uno de los puntos preferidos por los visitantes, según las autoridades locales. En tanto, el grupo aprovecha que el agua brota desde la roca rojiza antes de unirse al río para refrescarse antes de continuar el viaje, alejándose del clima árido de la región Sur y adentrándose en la zona más remota, donde está la parte más demandante del trayecto. Desconectarse para reconectar Para Patricia, una periodista de profesión que revisa las redes y medios digitales varias veces al día, lo más impactante no fue el recorrido físico, sino el ayuno tecnológico del viaje. «No hay energía eléctrica, no hay señal de internet, no hay señal de teléfono; te quedas desconectado a mitad de camino». «Las primeras horas sientes abstinencia, porque uno está acostumbrado a revisar Instagram y Facebook, los periódicos… y de repente estar desconectada es un poco fuerte», agrega. Ese aislamiento digital impulsó al grupo a liberar los hábitos secuestrados por la hiperconexión: conversar sin distracciones, contemplar el entorno y «valorar el aire limpio que uno está respirando… ver cosas que tienes ahí, pero que, por estar frente a una pantalla, no ves». Durante el primer día, los excursionistas caminaron 18 kilómetros con 1.5 kilómetros de elevación pronunciada, cruzaron el río 18 veces, atravesaron montañas de piedra sin árboles y llegaron hasta Pinar Parejo, un valle donde existió una comunidad agrícola. Allí pasaron su primera noche, a más de 1,500 metros de altura. El lugar está envuelto en un velo de neblina característico del Parque Nacional Juan Bautista Pérez Rancier (Valle Nuevo) y ofrece postales que muchos comparan en las redes sociales con paisajes europeos. Allí los intrépidos instalan sus carpas y pasan la noche entre fogatas. Sin conexión, las viejas costumbres de echar cuentos y jugar juegos de mesa con desconocidos cobraron protagonismo, mientras los organizadores preparaban los víveres en los improvisados fogones. La noche transcurre entre fogatas y la contemplación del cielo estrellado. Al amanecer, se asean al aire libre, en un río con agua bastante fría, un sacrificio para algunos. Luego empacan y caminan 12 kilómetros más, con elevaciones entre media y alta, hasta la segunda parada: el Sillar de los Indios, una pradera similar a Pinar Parejo, con clima frío y bosque de pinos. Este punto está a 16 kilómetros de Constanza y es accesible en vehículos todoterreno. Otro aspecto que resultó chocante para Patricia fue la ausencia de baños. Confiesa que aprovechó que todos dormían en la madrugada para atender su situación fisiológica. «No pensaba que iba a ser así», comenta entre risas. Tras dos noches frías y tres días de recorridos que parecen casi interminables, el equipo de intrépidos comienza el descanso hacia Constanza, cuyo hermoso valle se vislumbra desde lejos como señal de que la misión ha sido cumplida. Ahí está el autobús que los trae de regreso a Santo Domingo. Patricia valora la travesía como un ejercicio de resistenciacon una huella emocional única: conocer personas, vincularse con la naturaleza y consigo misma. Pese a las adversidades, sin dudarlo, la recomendaría. Recomendaciones antes de La experiencia vivida por el grupo en la ruta Guayabal–Constanza es una tendencia que contribuye al posicionamiento de estos pueblos de la Cordillera Central. La caminata ha tenido mucha acogida, ya que no exige mucha preparación física y sirve de entrenamiento a quienes buscan adentrarse en el senderismo de larga distancia, como subir al Pico Duarte. Así lo expresa Jonás Trinidad, del tour operador Amigos de Aventuras, quien desde el 2020 ofrece el servicio. «Es una ruta muy bonita de ver». Recomienda preparar un checklist que incluya calzado para caminar dentro del río, ropa deportiva de manga larga para protegerse del sol y ropa abrigada para acampar bajo los 15 grados Celsius. Dada la exigencia física, Trinidad no sugiere la ruta a personas con dificultades motrices, asma o problemas cardíacos, ni a embarazadas. Para quienes prefieren una opción menos exigente, el trayecto puede hacerse en vehículo todoterreno por la carretera Guayabal–Constanza, una ondulada vía intramontañosa de unos 60 kilómetros que se recorre en aproximadamente tres horas. Nuevo fenómeno y la advertencia institucional La ruta Guayabal–Constanza coincide con un momento de expansión del turismo comunitario en República Dominicana, una modalidad en ascenso entre dominicanos y extranjeros. La pandemia fue el punto de inflexión. En 2019, Valle Nuevo, el parque más popular para acampar, registró 15,445 visitantes. Sin embargo, en 2021 saltó a 31,329 visitantes y un récord de 45,117 en 2023. A nivel general, las visitas a las áreas protegidas mantuvieron un alza de 14.8 millones de visitantes en una década. FUENTE: DL Navegación de entradas » Así será el primer hotel totalmente robotizado que abrirá en China»