Por Aquiles Olivo Morel La excepción consiste en encontrar un país que no esté preocupado por el camino que vienen tomando los jóvenes, afectados por la influencia de las redes sociales y su impacto psicológico. Casi la totalidad de los países están desarrollando legislaciones orientadas a limitar el uso de las redes sociales, los móviles y el contacto en general con la parte nociva de las tecnologías. Francia, el Reino Unido, Suecia, Dinamarca en el viejo mundo lo han hecho. En América otros países siguen la misma tendencia: desarrollar leyes o normas para conducir la educación y el contacto con las tecnologías en las escuelas. ¿esta tendencia de limitar el uso de los teléfonos móviles en las escuelas, después de que los algoritmos hayan generado hábitos adictivos y efectos potencialmente difíciles de revertir en la salud mental de muchos jóvenes? El creciente desarrollo y la expansión tecnológica han construido una especie de nueva humanidad aferrada a lo digital y lo que implica las facilidades de encontrar las respuestas rápidas, las ofertas y las modas; y por supuestos, las facilidades de encontrar precios ajustados y competitivos. El uso de las tecnologías va construyendo un mundo totalmente alejado de aquel calor humano que obligaban a la colaboración y la solidaridad; el compartir y la buena manera de alcanzar las cosas con esfuerzo y habilidades adquiridas en los procesos formativos de las escuelas. Cuando se procura controlar la presencia de las redes sociales en los lugares donde se están formando los jóvenes, implica recurrir a evitar todo lo que conlleva la distracción, un obstáculo en todo proceso de enseñanza aprendizaje. Se ha comprobado que los algoritmos detrás de estas formidables aplicaciones de las redes sociales llevan tiempo aprendiendo de las costumbres, afinidades y gustos de las personas. Estos sistemas tienen una enorme capacidad para identificar nuestros gustos, preferencias y hábitos de consumo, ofreciendo contenidos cada vez más ajustados a nuestros intereses.; evitan proporcionar información ajena a estos gustos. Y, obviamente, nos conducen a un mundo idílico de cosas en muchos aspectos inalcanzables para la condición o realidad en que vivimos. El imperio de los algoritmos se expande con el pasar de los años: Nuevas tecnologías se desarrollan constantemente en distintos campos del conocimiento. Las necesidades de las personas en lo referente a la salud, la educación y la propia producción de bienes constituyen campos en franca exploración para automatizarlos con nuevas tecnologías. Los algoritmos estarán presentes en las más insospechadas áreas del saber. Se ocuparán de todos aquellos procesos repetitivos digitalizando, desde luego, el cumulo interminables de estos procesos. Ignorar estas cosas conlleva a desafiar los signos de los tiempos. Las señales están bastante claras con el pasar de los anos se multiplicarán las capacidades de estos avances a los cuales estaremos sometidos todos como un desafío el cual será necesario afrontar. Regir conlleva el dominio de las cosas las cuales son los pilares del mundo, aquellas con las que las personas se sienten identificadas y utilizan en la vida cotidiana. En aspectos los algoritmos empiezan a afianzarse moldeando las culturas, las costumbres y la forma de vida de la humanidad. A nadie le es ajeno el camino de la tecnología. Los cambios, también, ocurren con bastante celeridad llenando los vacíos e insatisfacciones que los seres humanos van construyendo en curso de su uso. Por ello, las legislaciones destinadas a regular la convivencia con estos avances tecnológicos deben tomar en cuenta la creciente omnipresencia de los algoritmos, cuyo comportamiento se refuerzan con la Inteligencia Artificial (IA), una novedosa proeza de la generación de la inteligencia. Todos los imperios caen. La historia da señales de las caídas de estos, cuando menos se le espera. Las debilidades, cuando se produce el agotamiento de regir los dominios o alcance de estos imperios, a veces traen consigo turbulencias, que no siempre son absorbidas por los actores en su momento. En los tiempos actuales la vida de la gente parece estar atada a las novedades de las tecnologías. No serán suficientes la construcción de legislaciones para deshacernos del envilecimiento o distracción como piensan los especialistas que ya en los parlamentos debaten vedar por completo su uso en las escuelas. Por ahora, ninguna regulación parece capaz de establecer límites absolutos a unos algoritmos que continúan expandiendo su influencia sobre la convivencia humana. Navegación de entradas Código Penal 74-25: entre la resistencia y la necesidad de cambio Jóvenes y política: ¿por qué cada vez participan menos?