Cruzar la selva de Guyana fue para Liudmila Medina la peor parte del viaje desde Cuba a Uruguay, una odisea de más de 7.000 kilómetros junto con su marido, un hijo con discapacidad, otros dos pequeños y otro gestándose en su vientre.

El plan inicial era emigrar a Estados Unidos vía Nicaragua, recuerda, «por el famoso sueño americano». Pero se frustró cuando les prohibieron embarcar en el avión por el vencimiento de un pasaporte, y perdieron los pasajes.

«¿Qué hacemos?», preguntó su esposo, desahuciado.

«Nos vamos a Uruguay», dijo ella.

Recuerda que movió contactos y sobornó a personas para obtener rápido ese pasaporte nuevo.

Y pagaron casi US$13.000, que era todo lo que les quedaba, incluido el dinero que obtuvieron de la venta de la casa de su madre, a una red de «coyotes» de varias nacionalidades que los ayudó a llegar al país sudamericano en abril de 2024.

Aterrizaron en Guyana en un vuelo comercial y la atravesaron en un minibús durante unas 17 horas, junto a decenas de otros migrantes cubanos.

«Íbamos todos apretados, uno encima de otro», señala Medina en una entrevista con BBC Mundo.

Su hijo Tristán, con problemas en el sistema nervioso central que ella atribuye a mala praxis médica en Cuba, tenía entonces 12 años.

«Como no tiene control cefálico, iba a mi lado y caía encima de mí: tenía que sostener a Tristán. Gael en ese entonces tenía 2 añitos y caía encima de mí también», evoca.

Su marido llevaba a Galilea, de 1 año.

«Paramos como en dos momentos para hacer pipí ahí, en el medio de la selva», relata.

«Me levanté el buzo y me dijeron: ‘Pero muchacha, ¿y eso dónde tú lo traías?’. Porque nadie se había dado cuenta de que estaba embarazada (de ocho meses)».

FUENTE: BBC MUNDO

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